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  • Servitores Amoris Christi

Mensaje Fallecimiento del Papa Benedicto XVI


Hoy es un día de luto, se apagó una luz que alumbraba al mundo hacia la Verdad Única. Débil y pequeña sobresalía sobre la espesa oscuridad y tiniebla que rodea al mundo. Supo guiar ejemplarmente a la Iglesia, supo pasar el timón para dedicarse a la Oración y al Silencio con Dios, y así sin abandonar, seguir guiando y viviendo por la Iglesia a la que dio toda su vida, todas sus fuerzas, todo lo que era, por Amor a ella, por amor al Amor, a Dios, a su amado.


Cerramos el año con una gran pedida, último gran teólogo, el nuevo San Pablo, el nuevo San Agustín del siglo XX y principios del S. XXI, pasará mucho para tener otro hombre así, con esa mente, con esas fuerzas de ser Cooperador de la Verdad. Vivió por la Verdad y lucho por ella siempre, aun en una Iglesia turbulenta por la Mentira, por el error y la secularización en muchos de sus propios teólogos. Cristo sólo es uno y no esta partido en miles, sólo Dio una Verdad perenne. Dios es Eterno, no se equívoca, no falla, no se adapta a modas y tiempos. Conoce la Verdad por que Él es la Verdad.


Un año nuevo triste, pero alegre porque ha nacido un santo, que seguirá intercediendo por la Iglesia por la que vivió, a pesar de las críticas, burlas, mentiras sobre él, la Verdad y el Amor siempre triunfaron para seguir adelante.


Es una semana de luto, el 5 tendremos sus funerales, el lunes 2 tendrán la oportunidad miles de personas de despedirse y venerar sus restos mortales.


Hoy, junto a su gran amigo y compañero de lucha por Amor a la Verdad, miran desde la ventana del paraíso a la Iglesia peregrina, que parece quedar huérfana, sola en lo que respecta a la teología, pero sabemos que no es así, la Iglesia camina y sigue guiada por el Espíritu Santo, grandes hombres se forjan en ella y darán grandes frutos, y que con la más grande y exquisita teología que nos dejaron nos toca a nosotros, animados por ella, continuar la defensa y el Amor a la Verdad para conducir al Pueblo de Dios hacía el único Cristo eterno. Nos miran Juan Pablo II magno y Benedicto XVI el Grande y bendicen.

Nos encomendamos a los dos grandes Papas del Siglo XX y de lo que va del S. XXI.


Gracias Benedicto XVI por todo, por ayudarme desde mi niñez a amar profundamente a la Iglesia a pesar de sus pecados, y de seguir luchando y amándola con mi vida dada a Ella, a Cristo, a su amor. Ayuda desde el Cielo a esta pequeña comunidad, a la Iglesia y a los jóvenes a que dejen todo para darse a Cristo, se quiten la venda de los ojos, por que son ellos los que guiarán ahora a la Iglesia y al Pueblo hacía Dios.


Benedicto XVI

Requiem æternam dona eis,

Domine, et lux perpetua luceat eis.

Requiescat in pace.

Amen.


Rev. H. Alan Saldaña, SACh

Fundador

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